martes, 4 de mayo de 2010

amanece

Quítate la máscara y esa mirada impersonal, quita el sin sentido de tu vida, vuelve a ser como antes, como eras, pero esta vez olvídate de morir, olvídate del olvido y da un paso al frente. Piensa, que no hay abismo tan vacío para parar tus pasos, que no hay soledad tan intensa para evaporar la sangre de tus manos, ¡no mires atrás! por que estas allí, sentado, con la cabeza entre las piernas.

¿Buscando un lugar? ¿Un destino tal vez? Intentando romper el muro, ¿Quién sabe esas cosas? Mata a dios, grita un nombre que no tienes, ¿una apuesta segura? En realidad la vida solo es una gran perdida de tiempo y lo sabes, yo se que lo sabes. No tienes nombre, no tienes vida, es hora de hacer algo. Un tal vez, otro lo sabia, quizás, un debería, pero sigues ahí sentado con la cabeza entre las piernas, vuelve, vuelve, vuelve a ser como eras pero olvídate de morir por un momento ¿No tienes nombre? ¿No tienes vida? Es fácil conseguirlo, hazte un nombre, grítalo, grábalo…con sangre, con la sangre de los no inocentes, ellos te lo quitaron, moriste, ¿Viste la sangre correr? ¿Caer tu destino? ¿No? pero seguro que te hubiera gustado ver gritar al padre, al hijo, un quizás ¿Quién sabe? Pero olvídate, por un momento, olvídate de morir, ¿Por qué tienes que morir? Que dios ebrio te encargo la misión de Mesías, que entupido espíritu sagrado te nombró profeta , a quien le debes lealtad,¡A quien! si no es a ti mismo, una vida, una historia no hace falta más, te debes a tu memoria, morada del odio, del pánico ¿Cuánto hace que no ves salir el sol? Un tal vez, otro lo sabía, un debería, al fin y al cabo demasiado tiempo.

No llores, el suelo jamás soporto el peso de tus lágrimas, piensa, hazlo despacio. Naciste libre, viste el cielo azul y te maravillaste, sentiste la noche, y el tiempo y las estrellas y un mundo bajo tus pies, aceptaste tu nombre y una vida, ¿Un futuro? Quién sabe, te recogiste bajo el manto de Dios y lo mataste, dejaste su cadáver en la acera y te marchaste de allí, arrastrando en tu suela sangre divina, doblaste, partiste y enterraste las reglas, te declaraste impío, dueño de un mundo que solo tu podías ver, pero te equivocaste, admítelo, por que lo hiciste. Te levantaste por la mañana, miraste al espejo y no estabas ¿Qué esperabas? Te perdiste, sabes que te perdiste, una parte de ti siguió adelante quizás, tal vez no y ahora caminas con esa máscara, esa mirada impersonal, y las manos manchadas de sangre pero nadie te llama asesino y no paras de darle vueltas, el por qué te golpea una y otra vez ¡No lo ves! claro que eres un asesino, pero al único que has matado es a ti, a ti mismo.

Naciste un buen día, bajo un humilde cielo, te enamoraste de la vida siendo un ser frío, la noche llego y te acogió en sus brazos, morando parajes extraños, maestro de exóticos algoritmos, dueño y señor del sueño y la esperanza, creías que la vida sonreía, te diste cuenta de que estabas solo cuando no viste gente a tu alrededor, ni una palabra, ni un sonido, ni una mirada, no existen las miradas en tu mundo, ni en el mió, suicida confeso, criatura de rubí. Te dedicaste a perseguir al minotauro, tiempo para una distracción, pensaste, y suspiraste al ver morir la noche, y el día te castigo, con un puñado de miradas, con la soledad y el dolor, para de llorar, ¿Estas solo en el mundo? Asúmelo, y muere, siempre supiste que no estabas hecho para estar demasiado tiempo.

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